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La obligatoriedad del casco ciclista: entre la desproporción y la legislación simbólica

24 Nov

La obligatoriedad del casco ciclista: entre la desproporción y la legislación simbólica. Francisco J. Bastida, Catedrático de Derecho Constitucional. Universidad de Oviedo

Cuando existen dos bienes jurídicamente protegibles pero contrapuestos en la práctica (por ejemplo, la libertad de información del periodista y el derecho a la intimidad de la persona sobre la que se quiere informar) se suele aplicar el “test de proporcionalidad” para hallar una solución al conflicto. En el caso de la norma que impone el casco obligatorio nos encontramos con un problema previo, que es identificar los bienes jurídicos que están en juego. Uno es claro, al menos en abstracto: la protección de la integridad física del ciclista. Pero al otro lado de la balanza no existe un solo bien, como pudiera pensarse. Junto al más inmediato, la libertad personal del ciclista para llevar o no casco, hay que contemplar también posibles bienes sociales que se verían negativamente afectados por la medida. Por ejemplo, la mejora en la salud de la población, tanto de los potenciales usuarios de la bicicleta, como de los que se verían favorecidos por la disminución del tráfico de vehículos a motor. También, en general, las mejoras medioambientales (menos polución, menos ruido) y el decrecimiento de  la siniestralidad de peatones.

Por tanto, hay una primera cuestión importante: el debate sobre la obligatoriedad del casco ciclista no tiene paralelismo con el debate sobre la obligatoriedad del cinturón de seguridad (o del casco para los motociclistas). En los tres casos aparece en un lado de la balanza como bien protegible la integridad física del conductor; sin embargo, sólo en el caso del casco ciclista aparecen en el otro lado de la balanza, junto a la libertad del conductor, un conjunto de beneficios sociales que podrían no desplegarse de prevalecer la obligatoriedad de la medida.

Dicho esto, veamos cómo se aplicaría el test de proporcionalidad para saber si es aceptable la norma que obliga a llevar el caso. Según reiterada jurisprudencia del Tribunal Constitucional, el principio de proporcionalidad se concreta en tres requisitos o condiciones que constituyen un test: que “la medida sea idónea para alcanzar el fin legítimo perseguido (juicio de idoneidad); que la misma resulte necesaria o imprescindible para ello, esto es, que no existan otras medidas menos gravosas que, sin imponer sacrificio alguno de derechos fundamentales o con un sacrificio menor, sean igualmente aptas para dicho fin (juicio de necesidad), y, por último, que se deriven de su aplicación más beneficios o ventajas para el interés general que perjuicios sobre otros bienes o intereses en conflicto o, dicho de otro modo, que el sacrificio impuesto al derecho fundamental no resulte desmedido en relación con la gravedad de los hechos y las sospechas existentes (juicio de proporcionalidad en sentido estricto)”. (STC 206/2007, FJ 6). Veamos cada uno de ellos.

Juicio de idoneidad de la obligatoriedad del casco: Es evidente que el uso del casco puede proteger la integridad física del ciclista, pero esta evidencia se circunscribe únicamente a determinadas lesiones. La inmensa mayoría de las lesiones producidas por caídas de bicicleta no tienen relación con el hecho de no llevar casco; en tales casos el llevarlo aparece como un dato irrelevante, porque los miembros afectados son los pies, las piernas o los brazos. Los accidentes mortales de ciclistas se deben sobre todo a atropellos y en el politraumatismo causado no incide la variable de portar o no casco. Es más, según las estadísticas oficiales la mayoría de muertes de ciclistas se produce en vías interurbanas, donde es obligatorio el uso del casco, y las víctimas lo llevaban. En suma, la obligatoriedad del casco es una medida sólo parcialmente idónea, para determinados supuestos que, además, constituyen un porcentaje muy bajo. Aquí podría concluir el test de proporcionalidad, dando por injustificada la medida, dada su insuficiente idoneidad. Pero sigamos con los otros requisitos.

Juicio de necesidad de la obligatoriedad del casco: La pregunta es sencilla. ¿Es “necesaria o imprescindible” la obligatoriedad del casco para preservar la integridad física del ciclista?. La respuesta es globalmente negativa. A diferencia del cinturón de seguridad o del casco del motorista, el casco ciclista se manifiesta como necesario o imprescindible en muy contados accidentes. En el conjunto de siniestralidad ciclista el carácter grave de las lesiones es porcentualmente muy bajo y allí donde podría ser necesario, por afectar a daños en la cabeza, la contundencia del accidente convierte frecuentemente al casco en una medida inútil. Por tanto, la medida es necesaria e imprescindible sólo en supuestos excepcionales, tanto por lo escaso del número, como por su eficacia real.

Por otra parte, a la pregunta “¿existen otras medidas menos gravosas que, sin imponer sacrificio alguno de derechos o con un sacrificio menor, sean igualmente aptas para dicho fin?”, la respuesta es sí. Si se quiere preservar la integridad física del ciclista, hay medidas menos gravosa y más adecuadas para el fin perseguido. El casco no procura una protección integral del ciclista, sólo de su cabeza. La protección integral se consigue, por un lado, con medidas de educación vial del ciclista (entre las que puede estar la recomendación del uso del casco y de prendas visibles) y de los conductores de vehículos a motor. Por otro, con medidas dirigidas a calmar el tráfico, a dar preferencia al ciclista y a crear en torno a él un anillo de seguridad, estableciendo distancias (órdenes de alejamiento) que han de ser respetadas. También aquí podría paralizarse la aplicación del test, por no superar la obligatoriedad del casco el requisito analizado.

Juicio de proporcionalidad en sentido estricto: por último, incluso admitiendo que la medida sea adecuada y necesaria para el fin perseguido, lo cual sólo se cumple en muy reducidos supuestos, la norma que impone la obligatoriedad del casco debe ser proporcionada en sentido estricto, esto es, como dice el Tribunal Constitucional, “que se deriven de su aplicación más beneficios o ventajas para el interés general que perjuicios sobre otros bienes o intereses en conflicto”. Aquí es donde acaba por fracasar definitivamente la justificación de la medida.

Los beneficios de la obligatoriedad del casco para el interés general son mínimos, porque, como queda dicho, la medida es escasamente idónea y sólo en contados casos necesaria para el fin perseguido, que es la protección de la integridad física de los ciclistas. En cambio, los perjuicios para el interés general son elevados, porque desincentiva el uso de la bicicleta, tanto por el engorro de tener que llevar el casco a cuestas cuando uno deja la bicicleta, so pena de sustracción inmediata, como por la amenaza de la sanción, y, además, se perjudica el servicio de alquiler de bicicletas públicas. Este freno al uso de la bicicleta desencadena nuevos efectos perversos para el interés general: se desalienta una práctica saludable que combate el sedentarismo y la obesidad, y que redunda en la mejora del tráfico, de la siniestralidad y del medio ambiente. En suma no hay ningún dato que avale la idea de que el llevar casco aminore significativamente la gravedad de las lesiones de ciclistas accidentados, más allá de casos puntuales. Por contra, hay una sospecha real, avalada por lo que ha sucedido en países que han implantado la medida, de que la obligatoriedad del casco desincentiva el uso de la bicicleta y con ello el ejercicio de una práctica saludable. El daño emergente que puede suponer la no obligatoriedad del casco es mucho menor que el lucro social cesante que comportaría su obligatoriedad. Por tanto, la medida es desproporcionada, además de poco idónea y escasamente necesaria.

Las posibles ventajas de llevar el casco, previniendo lesiones en la cabeza, sólo justifican como medida proporcionada la recomendación de su uso. La obligatoriedad de su uso sería un ejemplo de lo que la doctrina llama “legislación simbólica”, es decir, una legislación que realmente no se dedica a proteger, o lo hace en muy pequeña medida, al teórico destinatario de la norma, el colectivo ciclista, sino, sobre todo, a proclamar enfáticamente ante la ciudadanía en general lo “en serio” que el poder público se toma “la seguridad del tráfico”.

 
10 comentarios

Publicado por en noviembre 24, 2012 en Casco, Documentos

 

10 Respuestas a “La obligatoriedad del casco ciclista: entre la desproporción y la legislación simbólica

  1. Xixonman

    noviembre 25, 2012 at 16:43

    Muy bien argumentado realmente desde el punto de vista jurídico………

     
    • yolanda

      noviembre 26, 2012 at 11:35

      Si la decicion de los que están valorando la ley se basa en argumentos, despues de esto deberían ver la luz.

       
  2. MARIA

    noviembre 28, 2012 at 15:46

    A mi me gusta el artículo como bicijurista pero no como usuaria. Como usuaria sí que veo que en un porcentaje muy elevado de los casos el peligro es el coche o el bus y de nada me va a servir el casco si me atropellan, hay otro porcentaje de accidentes, bastante elevado, por lo menos en Madrid que es donde vivo, que se pueden producir por colisión con peatones y otros ciclistas. Y ahí se que he visto golpes en la cabeza muy severos. Y no es porque el ciclista invada el espacion del peatón, sino porque éste camina por el carril bici o cruza la calzada sin mirar; o porque el compañero ciclista se salta un semáforo y nos lleva por delante.
    Puede que no sea aconsejable la obligatoriedad del casco, pero yo la considero recomendable en la mayoria de los casos, si además de a los vehículos a motor “metemos” en la ecuación a otros elementos de peligro.

     
  3. Urbana

    noviembre 29, 2012 at 10:47

    No estoy de acuerdo, quisiera matizar. Está claro que en un atropello no sirve para nada (como no sirve el cinturón en el coche cuando te pasa por encima un camión, qué sería el equivalente), ni cuando derrapas, que caes de lado y te arrastras. Pero, como ciclista urbano que soy desde hace más de veinte años, el casco me ha sido muy útil entre el tráfico, circulando “despacito”, al ser golpeado en varias ocasiones en los atascos por los coches que me han hecho perder el equilibrio (encerrándome o cambiando de carril) y caer “a plomo” de lado, o golpearme de frente contra la parte trasera de los “puñeteros” autobuses. También he “volado” de frente… En cuanto a su uso en el anillo verde y el resto de vías ciclistas de Madrid, es fundamental, ya que las ramas de los árboles de los tramos “verdes” invaden el carril o saltan desde el suelo (como en estos otoñales días) y se te clavan en la cabeza y en la cara (ojo gafas) y, de esto no debe saber mucho Bastida porque no lo contempla, hay riesgo de golpearse con el mobiliario urbano (farolas, bancos, señales a la altura de la cabeza…). !No quiero ni pensar la cantidad de heridas que tendría en la cabeza y en los ojos de no haberlo llevado¡ No me hubiera muerto ni hubiera formado parte de las estadísticas (yo tengo las mías) , pero me hubiera “jodido” bastante. La práctica diaria, y yo la tengo,es el mejor de los “informes”. Por ejemplo, circulando por Madrid Río, ese engendro, puedes atropellar a un peatón y salir rebotado hacia quién sabe donde. Por otra parte, y aunque está claro que desincentivaría el uso de la bici a los nuevos y eventuales usuarios, no debemos echar a perder el enorme “capital” que supuso la batalla que se libró en su día con este asunto, con muchos muertos sobre la calzada, y que hace que hoy en día el 90 por ciento o más de los ciclistas lo lleve en ciudad, y muchos en carretera. Ese hábito se ha conseguido introducir entre los más más pequeños y, modestamente, creo que debe seguirse en esa línea, no volver loca a la gente. Además, por supuesto, de otras medidas complementarias que aborda Bastida.Creo que llevaríamos “al matadero” a todos aquellos nuevos ciclistas urbanos, sin experiencia para circular entre el tráfico, que usan la plegable en combinación con el transporte público. Otrosí, es mucho más barato que la mayoría de la luces delanteras “decentes”. Otro valor que tiene el llevar el casco, o el chaleco reflectante, es el efecto psicológico de “sentirse seguro” cuando lo llevas. Por otra parte, el casco se convierte en una medida añadida de seguridad en cuanto a soporte de luces, tanto delanteras como traseras. En resumen, lo veo procedente en zona urbana, menos en carretera (sin ramas, sin autobuses, sin señales…). Creo que sigue cometiéndose el error de medir con el mismo rasero a los “urbanos” y a los “ruteros”. Los primeros usamos la bici como medio de transporte en ciudad y, de paso, somos ecológicos hacemos deporte ; los segundos, hacen deporte junto a coches en circuitos “de velocidad”, pero no deben olvidar que para llegar a la carretera tienen que salir de la ciudad. Saludos. “Urbana”

     
  4. ciclismo urbano

    noviembre 29, 2012 at 13:29

    Los argumentos son perfectos. Aún así habrá gente que no acostumbra a ir mucho en bici por la ciudad que siga estancada en hacerlo obligatorio.

     
  5. Ainara

    diciembre 5, 2012 at 09:02

    Pienso que lo adecuado es la libre decisión de cada ciclista urbano, pero no obligarlo. Como comenta el artículo.

     
  6. Toño Pelayo

    diciembre 8, 2012 at 23:08

    Entiendo por loas argumentos del jurista, que su negativa a la obligatoriedad, se basa en dos elementos: la poca eficacia del casco para los ciclistas y en el efecto disuasorio que tendría para usar la bici en la ciudad. Ambas cosas son ciertas, pero creo que es necesario matizar bastante sobre ello. Primero, la baja efectividad no creo que se pueda medir en términos absolutos, sino que habría que evaluar el porcentaje de efectividad que tiene el casco entre los ciclitas que golpean su cabeza en un accidente. Si los ciclistas se dañan más otras partes del cuerpo perfecto, pero eso no impide tener que proteger la parte del cuerpo más vulnerable y susceptible de recibir daños muy graves. De cualquier modo, me extraña mucho que la cabeza no esté entre las partes más dañadas en los ciclistas accidentados, puesto que entre los ocupantes de un automóvil, la cabeza es la parte del cuerpo que más daños recibe en los accidentes. Por otro lado, es cierto que la medida desincentivaría el ciclismo urbano, pero también es claro, que hay muchas medidas para favorecer el tránsito cilcista, que están totalmente olvidadas. Esas medidas tan necesarias como la disponibilidad de un tejido vial exclusivo y protegido para los ciclistas; contar con aparcaderos para bicis en lugares estratégicos; poder llevar la bici en el transporte público; disfrutar de beneficios fiscales por usar la bici en ciudad,etc, tendrían sin duda efectos positivos más potentes sobre el usuario, que lo negativo que pudiera tener el uso del casco.

     
  7. Javier Molinero

    diciembre 12, 2012 at 10:46

    Excelente artículo! Y excelentes comentarios, opino como Urbana, el casco es más útil de lo que parece. Incluso cuando te pilla la lluvia impide la caída de gotas en los ojos. No lo pondría obligatorio pero si que lo recomendaría.
    Enhorabuena por el blog!

     
  8. pacobastida

    diciembre 19, 2012 at 17:28

    Los comentarios de María y Urbana son muy interesantes, porque añaden argumentos a tener en cuenta al aplicar el test de proporcionalidad. Lo primero que hay que decir es que no estamos discutiendo sobre la bondad del casco para evitar accidentes, sino sobre si su obligatoriedad está justificada legalmente. Desde luego hay que desechar los argumentos que para condenar la obligatoriedad del casco llegan al extremo de condenar el casco mismo, como algo nocivo y contraproducente para la seguridad del ciclista. No hay evidencia científica de ello; más bien al contrario, pues es obvio que en determinados accidentes el casco puede salvar la vida o evitar daños cerebrales. Nada de ello se niega en el escrito. Pero ello no impide cuestionar la razonabilidad y proporcionalidad de la imperatividad del casco ciclista. Hay otros ejemplos de actividades de riesgo, como los deportes de nieve, en los que el casco no es obligatorio, y nadie argumentará que no lo es porque el casco en los esquiadores carece de efectos beneficiosos. Por supuesto, el estar en contra de la imposición del casco, no significa estar en contra de su uso. Sólo un irresponsable podría proclamar esta consigna, oponiéndose a un elemento de seguridad pasiva del ciclista como es el casco. Pero una cosa es fomentar su uso y otra establecer su obligatoriedad.
    Por otra parte, conviene aclarar una cuestión jurídica importante. La libertad del legislador es muy grande a la hora de valorar lo que es idóneo y necesario y es difícil aplicarle con éxito el test de proporcionalidad, máxime cuando no hay un derecho fundamental concreto en juego; sólo la libertad genérica del individuo. Si el legislador reforma la ley e introduce la obligatoriedad del casco ciclista, será muy difícil afirmar que la medida es inconstitucional. Por el contrario si la reforma sólo es del Reglamento, sería relativamente fácil cuestionar su legalidad. El principio constitucional que rige es el de libertad y la interpretación de la ley debe ser pro libertate. Si el legislador establece la obligatoriedad de llevar el casco de motorista y el casco ciclista sólo en vías interurbanas, ha de entenderse que no considera obligatorio su uso en vías urbanas. La Administración no puede contravenir la ley y no puede crear por sí misma nuevas obligaciones allí donde la ley, pudiendo establecerlas, no lo ha hecho. En todo caso, de querer imponerse por ley la obligatoriedad del casco, habría que ejercer presión mediática sobre los diputados y senadores haciéndoles ver la falta de proporcionalidad de la medida y que, si no se rodea de efectivas disposiciones de fomento del uso de la bicicleta en condiciones de seguridad, la ley únicamente será un ejemplo más de la legislación simbólica que tanto gusta a los poderes públicos.
    La muerte de Iñaki Lejarreta pone en evidencia una vez más que la obligatoriedad del casco es inútil cuando ni los conductores ni la Administración se toman en serio la presencia del ciclista en la calzada.
    Hay consultas de ciclistas sancionados por no llevar casco, pero desconozco que se impongan multas por adelantar a ciclistas sin guardar las distancia reglamentaria si la acción no causó un accidente. Parece que es más grave ir sin casco por la carretera que tomar al ciclista como un cono con el que hacer gymkhana.

     
  9. garra8

    marzo 11, 2013 at 13:46

    Muy acertado en el enjuciamiento sobre el uso, abuso del casco para pedalear en Bici.
    Hablamos también del cinturón de seguridad en coches, o el uso del casco integral para la moto.
    Pero sabemos que ambos se testan por crash test, pruebas normalizadas para conseguir conocer si protejen de algo. En realidad.
    Resulta que el casco para su uso en Bici no necesita pasar pruebas de crash. Porque en realidad no ayudan, ni protejen de nada.
    Hay quien dice me protegío de un arañazo en la cabeza. De verdad ?
    O simplemente es de nuevo otra justificación personal, para apoyar el uso abuso del casco en Bici ?
    Señores políticos que no saben de na<da, dejen de tocarnos las cabezas con sus infundadas malasa ideas. Respecto al casco, en este caso.

     

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